Con la democratización y popularización del automóvil la gasolinera pasó a ser un tinglado sin pretensiones, ¿un edificio desvergonzado? Ese optimismo frente al progreso tecnológico que se veía en el diseño de los ejemplos mencionados desaparece, y estos edificios se multiplican, ahora invadidos por la gráfica y un sabor a «mal gusto». A esto se le suma la concientización sobre el impacto negativo que tienen en el medio ambiente los combustibles fósiles, todo esto ha llevado a que signifiquen un problema para el entorno que las rodea y un elemento indeseable para los vecinos.

Existe una tendencia al cierre de gasolineras, principalmente debido al advenimiento de los automóviles híbridos y eléctricos y una serie de normativas y estándares ambientales cada vez más restrictivos que limitan su instalación en entornos urbanos. Esta situación nos plantea la gran interrogante que en su momento dio origen a esta investigación ¿Qué futuro tienen las gasolineras en nuestras ciudades?

Esta especie de comisariado urbano de observación y documentación sigue una línea de investigación que se remonta al flâneur del siglo XIX, pasando por la modernología de los observacionistas japoneses, hasta los trabajos más recientes de Atelier Bow Wow. Se busca generar un instrumento para el proyectista más que un conjunto de recetas. A través de la observación como herramienta productiva se desvelarán las potencialidades de estos espacios, y desde la perspectiva de una ciudad abierta defendida por Richard Sennett, se los postularán como elementos de la ville que con una adecuada y modesta intervención sean capaces de ser un soporte interactivo, sincrónico, poroso; adoptando diferentes configuraciones en diferentes circunstancias. En definitiva, espacios públicos donde la gente pueda enriquecer y profundizar su experiencia de vida colectiva.