El espacio basura parece una aberración pero es la esencia, lo principal… es el resultado del encuentro entre la escalera mecánica y el aire acondicionado, concebido en una incubadora de pladur (los tres ausentes en los libros de historia). La continuidad es la esencia de un espacio basura que se aprovecha de cualquier invento que permita la expansión a la vez que despliega una infraestructura de no interrupción: la escalera mecánica, el aire acondicionado, el aspersor, las barreras contra incendios, las cortinas de aire caliente…  KOOLHAAS, R.

El edificio Willis Faber & Dumas es un edificio de oficinas, uno de los primeros manifiestos de la arquitectura “high-tech” en los años setenta, arquitectura que caracteriza la obra del despacho de Norman Foster. En la imagen se puede apreciar un gran espacio central de triple altura que sirve como circulación vertical mediante escaleras mecánicas. También permite el ingreso de luz natural a las plantas inferiores gracias a un sector de cubierta transparente cenital.

Si bien se podría haber optado por una organización más eficiente de las circulaciones verticales, la disposición de las escaleras es claramente de caracter escénico. Esto no es casual, este fue uno de los primeros edificios que se daba el lujo de contar con escaleras mecánicas, y parecía oportuno dotarlas de protagonismo. Además, a este espacio de una fuerte imagen tecnológica se le intenta introducir algo de naturaleza mediante unas plantas de gran tamaño. Sin éxito.

El pasaje Pommeraye es un pequeño centro comercial del siglo XIX en Nantes. Cuenta con varias tiendas en galería y sirve como acceso a los residentes de las propiedades linderas. Una majestuosa escalera ocupa el centro del recinto, conectando los distintos niveles bajo la luz natural de una bóveda acristalada. Una serie de esculturas la presiden en toda su extensión, y parece rematar en un gran arco triunfal que se puede ver al fondo del grabado.

Los dos proyectos presentan un espacio central de circulaciones con características muy similares, a pesar de la distancia temporal que los separa y los diferentes programas que sirven. En ellos, la luz cenital juega un papel sumamente importante, al igual que la presencia de las escaleras. En el pasaje Pommeraye permiten que las personas interactúen, pueden ser un espacio de encuentro, constituyen una experiencia en sí mismas. Mientras que en el caso del atrio del edificio Willis -y cualquier espacio servido por escaleras mecánicas- nada de esto es posible, uno no puede detenerse, se está condenado al desplazamiento continuo en un sólo sentido y apenas hay espacio para un par de personas. La experiencia ascendental también se sacrifica en pos de mejorar la accesibilidad.

¿Estaremos perdiendo las cualidades espaciales que tuvieron durante siglos las escaleras en el espacio arquitectónico? Las normativas de accesibilidad y seguridad las relegan cada vez más a un segundo plano. Aún así, podemos encontrar espacios excepcionales contemporáneos al edificio Willis, como el vestíbulo del Banco Nacional de Dinamarca con su escalera colgante, diseñada por Arne Jacobsen.

 

1- KOOLHAAS, R. (2007). Espacio basura. Barcelona : Gustavo Gili.