La idea de la utilización de los fardos (también llamados balas de paja) parte de la observación y puesta en valor del interés paisajístico que ocupa este elemento en el medio rural. Por otro lado, se juega con estos elementos disponiéndolos como muros desplazados, generando espacios para contemplar a través del contraste el paisaje circundante.

Estos cerramientos verticales se realizan con un espesor de dos fardos para poder generar equipamientos en su interior y otorgar más rigidez estructural al conjunto. Se revisten en su interior con paneles OSB pintados color blanco, para generar un contraste con las vistas al exterior y obtener un espacio blanco y abstracto.

Esta técnica constructiva no es una novedad, la primer construcción data de fines del siglo XIX en Nebraska. Los muros pueden soportar una carga superior a los 500 Kg por metro lineal, y tiene excelentes propiedades de aislación térmica. Por lo que es un excelente ejemplo de reciclaje material en la arquitectura.